Especial: Chevrolet Cheyenne 2019 Nada la detiene

En Autos, Lanzamientos
cheyenne 3 | Foto: Carlos Quevedo

Fue concebida para el trabajo rudo, y aunque su principal función es la de transportar carga pesada, eso no le impide dominar los terrenos más difíciles a su antojo. Chevrolet Cheyenne 2019: Nada la detiene.

Una voz suena en el habitáculo de la Chevrolet Cheyenne en la que vamos al mando, proviene de un walkie-talkie que todas las unidades de prueba llevan para acatar las reglas de nuestro guía. La primera frase es: “Manejaremos cerca del mar, así que tengan cuidado con las olas y no se vayan al agua o será complicados sacarlos”, la segunda, y tal vez es la más divertida: “Aceleren a fondo, no despeguen las manos del volante hasta que lleguemos a las dunas”, sí, estás leyendo bien, la nueva Cheyenne no le teme a nada.

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Gran desempeño de Cheyenne 2019. Foto: Carlos Quevedo.

El inicio

La calidez radiante del sol caía aplomo sobre la Playa Chachalacas. Habíamos conducido por casi 40 kilómetros desde el Puerto de Veracruz; nuestra prueba de manejo, al principio, pensábamos que sería por autopista de ida y vuelta, todo sobre asfalto para probar capacidades como aceleración, frenado, el ataque de curvas, su comportamiento a grandes velocidades y rendimiento, sin embargo, Chevrolet nos tenía una sorpresa, llegar a una zona de dunas para subir y descender con la nueva y sentir su comportamiento en este tipo de terreno, algo inusual para este tipo de vehículos.

Las Cheyennes se encuentran formadas en fila, todas alineadas como si se tratara de soldados del ejercito esperando la señal para atacar. Al fondo, se vislumbran solo montañas de arena fina que el viento levanta suavemente. Hay una mezcla de sonidos en el entorno, el de los motores de la camioneta y el de las olas del mar, pero dentro de la cabina el silencio impera a la espera de las instrucciones. No hay música, solo se percibe mi respiración y la de mi copiloto, por unos segundos cruzamos las miradas que se tornan nerviosas por el hecho de enfrentarnos a una nueva experiencia. Después de unos segundos, se activa de nuevo el walkie-talkie y las palabras retumban el habitáculo: “Pasen a modo 4Low para tener mucho torque a baja velocidad; si se atascan no fuercen”.

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Se comporta a la altura en cualquier tipo de camino: Foto: Carlos Quevedo.

La aventura

Uno, dos, tres, ¡vámonos! Nuestro pulso se acelera al igual que la camioneta; nuestro cuerpo endeble se mueve de un lado a otro como si fuéramos muñecos de aire de publicidad. Nuestras manos van aferradas al volante como si estuvieran fundidas a él; maniobramos para esquivar algunas piedras con la poca visibilidad que nos queda debido a la arena que revolotea en nuestro parabrisas por el paso de la pickup contigua; de pronto una pendiente inclina nuestro vehículo y no tenemos otro paisaje más que el cielo, la Cheyenne de enfrente desaparece de nuestro campo de visión, pareciera que una duna la ha absorbido por completo, pero no, solo descendió para establecerse en un terreno más sólido, en el que también estaremos depués de llegar a la cima y comenzar a ir en picada.

Los diferentes ejercicios nos exigieron pericia y un manejo cuidadoso, nuestro instructor, Juan Bosco, quien además es colaborador en 4Ruedas, en todo momento nos guió para manipular la Cheyenne de la mejor forma. Vinieron más obstáculos, unos con mayor dificultad que otros, pero en ningún instante la camioneta perdió la compostura. Quienes desafiaban la física sin éxito fueron algunos conductores que atascaron el vehículo al acelerar de más en terrenos donde más que velocidad se necesitaba manejar con tranquilidad.

La noche cae

Antes de finalizar el recorrido había un par de pruebas más. Para la primera, nos esperaba una pendiente con gran rango de inclinación donde la arena se encontraba muy suelta. Para esto fue necesario tomar un poco de impulso, no dejar de pisar el acelerador y en ningún momento hacer uso del freno. Las camionetas enfiladas una por una comenzaron el desafío. Rocas a los costados era lo único que se divisaba desde nuestra posición de manejo. Hubo quien dejó flotando una de las llantas traseras porque tomó mal el camino. Para ese momento, el sol comenzaba a caer y el cielo se tornaba de un color naranja.

Sin darnos cuenta habíamos subido muchos metros, estábamos en la punta de una montaña. Nuestra vista sólo percibía el color azul mar, que para esa hora, se notaba en calma. Las camionetas empolvadas y llenas de lodo hacían excelente sinergia con el silbido del viento que soplaba cada vez con más fuerza y erizaba nuestra piel.

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Interior cómodo y lleno de tecnología. Foto: Carlos Quevedo.

Cuando nuestro ojos solo percibían el mar y el cielo en el horizonte, la duda de cómo bajar de ahí era cada vez más persistente. Solo había pendientes muy inclinadas que pensarías solo puedes atacarlas haciendo rappel, pero vaya sorpresa, la nueva Cheyenne está inmersa en tecnología, nos acercamos al filo de la montaña y accionamos la función “Control de inclinación”, después de ello, comenzó el descenso de forma automática, nosotros no pisamos ni un pedal, solo con movimientos suaves dirigíamos la dirección, evidentemente la adrenalina recorría nuestro cuerpo y nuestras manos registraban una leve sudoración, pero eso fue lo menos relevante porque lo mejor fue disfrutar la altura y sentir cómo nos desvanecíamos en la arena hasta llegar a suelo firme.

La noche cayó en Playa Chachalacas, y aunque la oscuridad invitaba a descansar, el motor de Cheyenne seguía rugiendo, como indicando que podía dar más y que nada ni nadie lograría detenerla. 4R